Primer caso: “Del norte y del sur”
27-Nov-2009
Estimado señor:
He cumplido con lo que usted me ha encomendado. He ido por debajo del sol y por debajo de la luna, sobre la tierra, el mar, la arena… He visto y comparado ambos pueblos. He andado en las calles blancas y en las calles negras; he comido la carne del sufrimiento y la de la alegría; he dormido en la cama fría y también en la caliente; he estado entre los corderos de un rebaño y entre los corderos del otro; he visto como se tratan, se dirigen, se comportan… Y le diré lo que he visto…
Vi que, desde la frontera que divide un pueblo de otro pueblo, un rebaño de otro rebaño, un espíritu de otro espíritu, unos y otros son diferentes: la misma especie pero diferentes nichos.
Los del rebaño que habitan la tierra hostil del norte, sufren y obligan a los demás a sufrir; lloran y obligan a los demás a llorar; se lastiman y lastiman a los demás. Quise andar en sus calles pero muchos me golpearon, me lastimaron; otros se echaron sobre mí pidiendo auxilio; otros enjugaron sus lágrimas en mis vestidos; otros me ofrecieron botellas de todos tamaños, formas y colores; otros me llenaron de pequeños sacos contenedores de un polvo blanco que desprendía un hedor inigualable; y la mayoría intentó robarme y desvestirme. Corrí, me asusté y me interné en un callejón. Allí aguardaba una mujer con un niño en sus brazos. Ella estaba cubierta por un manto rojo y su niño dormía en su regazo. “¿Quién eres?”, pregunté mientras miraba su semblante. “Una mujer muy joven que dejó a sus padres.” Cierta era su palabra; su aspecto, su rostro, aún su piel, lo confirmaba: era una niña de dieciséis años con su bebé en brazos. “¿Qué sucede aquí que todo es tan terrible y el sufrimiento no tiene fin?” La joven me miró con dolor y me extendió su mano; en ella toqué y lo vi todo…
“En esta tierra no hay alegría y si la hay, es ficticia; con todo y eso, se supone que de este lado está la vida… Aquí, o, mejor dicho, en la frontera, frente a la puerta estrecha, te engañan y te muestran cosas que tu deseas, llevándote hacia la puerta ancha. Te ofrecen, allí, cumplir tus sueños: dinero, mujeres, hombres, fama, perfección, bebidas, comidas, placeres… Tú piensas estar disfrutando, yendo a la buena vida, cuando en verdad te internas en la muerte. Piensas que todo es gratis y comes cuanto puedes. Sin darte cuenta, te alejas de tu familia, de tus seres queridos, de tu verdadero yo… te hundes en un pozo donde no hay salida y no puedes gritar. Poco a poco te encadenan y no puedes hacer nada. Yo lo viví, lo sufrí, lo padecí. En un comienzo te sientes el rey, el te lo da todo, gratis en un principio; pero luego, el te cobra, y lo hace con intereses y crueldad. Se sufre, se sufre mucho. Los de mí edad encuentran cobijo en lo que tú llamas botellas y en lo que tú mal dices pequeños sacos. Se ven colores y se escuchan voces… sientes que todo es válido y ves todo de otro modo, sientes placer… Es genial, pero te consume. ¿Cómo llamar a algo genial y dulce pero que al mismo tiempo te mata poco a poco?” “Trampa”, respondí y solté su mano. “No creas que siempre viví así. No siempre sentí placer en lo malo y sufrí por mí situación. Hubo un tiempo… Hubo alguien que me tocó… Es por eso que te puedo contar todo esto, porque antes estuve del otro lado. La mayoría te hablaría de puro dolor y sufrimiento, te dirían que no hay solución. Pero yo, que estuve del otro lado, te lo puedo contar. Yo, sabiendo que hay solución, teniendo con anterioridad una y mil oportunidades, fui quien eligió venir a este lado…”
Salí del pueblo y crucé la frontera al rebaño del sur: “Ve y fíjate lo que hay en el otro lado. Verás a lo que me refiero.” Solo podía pensar en cual sería la razón o el motivo, por el cual ella había decidido sufrir.
Los del rebaño que habitan el valle fértil del sur, ríen y te enseñan a reír; riñen y de inmediato se disculpan y se abrazan; se alegran y te hacen partícipes para que también puedas alegrarte; aman y te enseñan a amar… Anduve en sus tierras y recibí cariño, afecto, agua dulce para mis caballos, jugos y manjares para mi paladar. Anduve en sus tierras y los niños me recibían, me aplaudían, me sonreían. Anduve en sus tierras y me trataban como a uno de los suyos.
Había una gran diferencia entre éstos y los del norte, pero no era suficiente lo que mis ojos veían, tenía que saber que mal había en esta tierra para que aquella muchacha decidiera sufrir. Me adentré, entonces, en la verde espesura y me encontré con un río de agua dulce, puro y cristalino. Me acerqué para verificar el brillo del agua, cuando me encontré con un hombre de aspecto juvenil que se hallaba sentado a orillas del río. “¡Buen día!” me saludó con fervor. “Buen día” y me acerqué a el. “Dime por favor, que hay de malo aquí para que alguien decida sufrir”. El joven me miró de reojo y se paró frente a mí. Me sacaba con facilidad una cabeza y media. “Asómate, mira el río”. Obedecí, y esto fue lo que vi…
“Las personas de por aquí no somos de sufrir o llorar a menudo, aunque el llanto y el sufrimiento siempre están presente. Cuando te cortas, sufres porque te duele, y unas cuantas gotitas caen de tus ojos. Nosotros solo por eso sufrimos y ni por nada ni nadie más.
>>Los jóvenes somos de levantarnos cada día y saludar al sol con una sonrisa, doblamos nuestras rodillas y le agradecemos a Dios por estar con nosotros, por ser pan de vida, por no dejarnos caer en las tentaciones, por pintar de luz y alegría cada día. Le agradecemos por su presencia, porque está, porque nos ama, y luego, nos dirigimos a cumplir nuestras tareas. Unos cazan, otros cultivan, otros traen agua para nosotros y para nuestras bestias, otros cuidan a los pequeños… Vivimos en paz, felices en nuestro lado de la frontera. Pero siempre está el que quiera probar e ir contra nuestros mandamientos: se olvidan de Dios, olvidan todo y cruzan la frontera, pasan la puerta y jamás regresan. Otros, en cambio, vuelven lamentando y reprochándose las acciones que tuvieron. Se postran en la tierra y cubren de ella sus cabezas, lloran y sollozan y después de un tiempo, vuelven a pasar por la puerta estrecha: vuelven a Sus mandamientos.
>>Pareciera que nosotros perdemos nuestra vida, pareciera que caminamos por un camino de muerte, pero en realidad nosotros llegamos a la vida. Renunciamos a muchas cosas, como lo es la droga o la bebida, el amor a flor de piel o las salidas nocturnas con idas y venidas. Elegimos este camino como los del norte eligieron el suyo. A diferencia de ellos, a nosotros nadie nos obliga a entrar, y nadie nos retiene al salir. Cada uno elije que hacer, y El acepta las decisiones: no nos obliga a nada, no nos impone nada… Somos nosotros quienes firmamos el tratado: No matarás; no codiciarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; no le faltarás a tus padres; honrarás a un solo dios, el Dios vivo que te dio la vida… Nadie nos obliga a firmar, y nadie nos engaña para hacerlo. Lo hace quien quiere, y nosotros aceptamos hacerlo. Te preguntarás el porque de tanta belleza en nuestra ciudad, el porque de tanta vida… Te responderé que todo en la vida tiene un precio. En el norte, te ofrecen cosas gratis y tú sin saber las tomas. Luego, ese vil despiadado te cobra y te lo quita todo. En cambio aquí El te ofrece algo pero te dice cuanto te saldrá, no te engaña, El va de frente y tú lo sabes. Es ese nuestro precio: la renuncia, el sacrificio. La renuncia a todo y todos por amor a Él. Y El, El se encarga del resto: la comida, la bebida, los vestidos…” Terminada su explicación, me invitó a comer de un modo poco usual “Ven con nosotros para que comas la verdadera comida, y bebas la verdadera bebida” Acepté y el me llevó a una mesa larga con un mantel blanco…
Todos se sentaban a los lados, nadie en la esquina. Allí, solo había una silla roja con una túnica blanca y un manto celeste, y debajo, un par de sandalias… Recibí mis alimentos y los disfruté con gran gozo, sin dejar de pensar ¿Es esto por lo cual decidiste sufrir? ¿Es acaso el sacrificio malo para ti? Que tonta te debes sentir después de salir una y otra vez de aquí, y saber que ya no te esperan más: todo tiene su límite. Recibí una pequeña oración y emprendí el regreso.
Señor, vi a ambos pueblos, estudié poco y nada de ellos, anduve en esas calles, hablé con esa gente, saqué una conclusión. Si mi señor me lo permite, aquí mismo se la digo:
Los jóvenes del norte son engañados y comprados con sueños ficticios, sueños que duran a penas y un suspiro. Éstos buscan paz y refugio en lo llamado bebidas y en lo llamado drogas. Intentan olvidarse de la vida que llevan debido a sus elecciones. Se pierden y al no querer perderse solos, arrastran a otros con ellos. No son más que pobres, débiles, hambrientos y desnudos, buscando una salida que ellos no les dejan ver. Y con cada vuelta de tuerca, se hunden más en un grito desesperado intentando salvarse. Todos son así, desde el que te enseña su sufrimiento, hasta el que se hace el fuerte y evita mirarte a los ojos.
Los jóvenes del sur eligen su propio camino mediante el sacrificio y la renuncia. Prefieren renunciar a su tiempo de diversión para vivir una vida de eternidad con Dios. Aceptan los términos y las condiciones, juran ante los mandamientos de su Señor y van hacia delante. A pesar de que suelen haber riñas, ellos resuelven las discusiones y se afirman en su Señor. Les cuesta renunciar, pero hacen eso por amor. En lugar de ocultar, enseñan; en lugar de odiar, aman. Van por el camino contrario… pareciere que mueren, cuando en realidad, cada paso es como un aliento de vida.
Bajo el sol y bajo la luna, sobre la tierra, el mar, la arena… hay una especie entera dividida por sus nichos, o, primeramente, por sus fronteras. Está el norte y también el sur pero, también existe el este y el oeste, puntos medios, donde el sacrificio no está del todo asumido, y donde aún no se llega a vender el alma al diablo para conseguir un poco de mala vida…
Fernández, Andrea Elizabeth
Tenes un talento muy grande prima.Y una Fé increible.Desearia poder tener tantas certezas como las que vos tenes.Estoy muy orgullosa de vos.Y aunque hablemos tan poco,solo quiero que sepas de admirar tu empuje y tu talento.Te kiero mucho
ResponderEliminargracias ana.y, esta certeza que yo tengo, te aseguro que la podes tener prima, es cuestión de estar en el lugar presiso. ¿por qué no te das una vuelta por la iglesia universal un día? te puedo asegurar que es muy distinto a todo lo que conoces. nadie te va a pedir ni preguntar nada. te hará bien y te ayudará mucho, de verás ;) fijate, hay una en corrientes 4070, almagro. espero verte asi te contagio un pocod e certeza, besotes.
ResponderEliminar