jueves, 12 de septiembre de 2013

La más maravillosa de todas las sensaciones

Recuerdo la vez que recibí el Espíritu Santo, recuerdo cómo estaba vestida, cómo estaba peinado, y el sitio en donde yo estaba. Recuerdo que un pastor puso su mano sobre mi cabeza y dijo que podía hablar en lenguas. Así también, recuerdo que tardé mucho en ser sellada, ya que no entendía qué era eso, y tenía miedo a lo desconocido. En este tiempo, me he replanteado muchas cosas, y llego siempre a la conclusión que la mejor decisión que tomé en mi vida, fue entregarme a Dios, dejando que Él hiciese de mi lo que quisiera.
Este año fue un año de revelaciones, sacudones y luchas, y tengo la certeza que continuará así hasta el 31 de diciembre. En este año sufrí una gran transformación respecto de muchas cosas, tuve sensaciones con las que llegué a entender, me animo a decirlo sin vergüenza ni timidez, mucho la forma de actuar de Dios.
En lo que va del año, ya me sentí engañada, traicionada, inútil, profundamente feliz, y satisfecha. ¿Qué tiene que ver esto con Dios? Verán, hay dos sensaciones que ocurrieron de forma tan seguida, que me hicieron mirar el cielo con otros ojos. 
Sabrán que yo no soy madre, pero cada alma que Dios coloca en nuestras manos pasa a formar parte de nuestra carne, por lo menos, yo trabajo de esta forma. Todas, todos pasan a ser mis hijos espirituales, por los cuales pierdo el sueño y desvivo mi alma. Cada instante de mi tiempo va dedicado a ellos, a su crecimiento, a su desarrollo en todos los aspectos, y yo, particularmente yo, dejo todo y hago de todo por y para ellos. Cuando les damos tanto y ellos saben y conocen, y aún así, se desvían o no hacen caso, uno sufre. Como dice el apóstol Pablo, uno sufre dolores de parto por ellos. Cuando se ve que la persona está ahí, y nosotros más hacemos para que lo logre y ella no lo hace, es un dolor que sabe a desinterés. Eso por un lado, y por el otro lado, ver a la persona que da todo y absorbe cada pequeña palabra y la practica, alcanzando su milagro, nos llena de gozo, alegría, más aún cuando se trata del Espíritu Santo. No hay sensación más maravillosa que mirar aquella persona por la que uno se desvivió, transformada, convertida y, en cima, con el sello de Dios. Todo nuestro trabajo, empeño, las horas de sueño perdidas... todo pasa a tener sentido, valor, razón de ser, significado. Te hace estar tan feliz como la vez que recibiste el Espíritu de Dios en tu vida. No hay palabras para explicar la felicidad que crece en tu interior por aquella oveja que pasará a ser pastorcito o pastorcita de ovejas tal y como tu lo eras de ella. Pensé en Dios frente a estas dos situaciones...
Dios se desvive por nosotros siempre, nos da lo mejor día tras día. Cuando nos dice "No" y nosotros decimos "Sí" y vamos igual, Él sabe lo que pasará, pide que no lo hagamos y, cuando vamos igual y lo hacemos, perdemos la bendición y lo que era para salir bien, por capricho nuestro sale mal, Dios se entristece. Se entristece tanto, teníamos todas las condiciones para que fuera excelente, Él que nos guió y trabajó arduamente con nosotros, nuestro corazón preparado... y actuamos por capricho o de impulso arruinándolo todo. Dios nos mira como diciendo: "eso hiciste... otra vez como antes, fuiste vos de nuevo... ¿qué hacemos ahora?" Claro que nos perdona, nos limpia, pero el sentir que le dimos fue ese.
Cuando en todo el sufrimiento nos aferramos con fuerza a Él y continuamos firmes hasta conquistarlo por completo, Dios sonríe, porque ve en nosotros ese querer. No diré más. Medite. Bendiciones,

Decisiones

http://www.youtube.com/watch?v=K4Fh-QeHA4M

Diferentes

No podemos negar esto que nos diferencia de los demás. En el mundo, las personas son todas iguales, con sus deseos propios y el hecho de querer conseguirlos a toda costa en el afán de ser felices. En el Reino de Dios, nosotros llevamos una conducta diferente, un estilo de vida distinto, un ritmo que allá afuera, en el mundo, no tienen. Muchas veces, nos avergüenza ese hecho, e intentamos esconderlo, no nos damos cuenta que, de esa forma, terminamos entregando una joya para guardar un carbón. Ser de Dios es lo más maravilloso que hay en el mundo. Levantare cada mañana y saber que Él nos mira, nos cuida, nos guarda, nos guía... sin duda es único.
Tengo un hermanito de 8 años, él va a la iglesia de manera esporádica, debido a la distancia y la coordinación de los horarios. Una de las cosas que admiro de él, es que el habla de Dios donde sea que vaya y no le interesa lo que le digan a cambio. Escuché que muchos niños le dicen que Dios no existe, y que el es un tonto, sin embargo, el hace oídos sordos y continúa hablando de Dios "evangelizando" su maestra se encuentra maravillada, y no hace más que hablar maravillas de el...
Si un niño es capaz de soportar todas las persecuciones, burlas, exclusiones y demás por amor a Dios, si el aprecia la diferencia que hace, ¿cuánto más nosotros? El corazón de un niño es puro, total y completamente puro. Nosotros debemos ser iguales, no solo en cuanto a su corazón, sino también, en cuanto a su VALENTÍA. El habla y adora sin siquiera notarlo, para el es como el aire que respira. Habla de una forma sorprendente y deja  a Dios usarlo más y más. Su diferencia brilla en donde sea que va.
Ser de Dios es un privilegio, no lo deseche para caerle bien a alguien. Asuma su fe!! Y vaya adelante, despertar con el Señor Jesús cada mañana, es una maravilla. Bendiciones!!

viernes, 6 de septiembre de 2013

¡Flanders a Dios!

¿Quién no ha visto ya Los Simpsons? Es una serie que habla un poco sobre un estilo de vida cómico y gracioso, donde siempre, todo intenta salir bien. El personaje que más atrae es el de Homero, pero hoy, quiero hablar de Flanders. El es el vecino de Homero, el típico vecino perfecto al que todo le sale bien, que siempre tiene lo último en todo, que despierta los celos y hasta la envidia de los demás ciudadanos de Sprinfield. 
Hay un capítulo, uno en especial que llamó mi atención desde niña. Flanders estaba en una especie de lago, junto a sus hijos y creo que junto a su esposa, grababan la película de Moisés, cuando su hijo menor es arrastrado por la corriente. Flanders junta sus manos y mira al cielo, solo dice "Flanders a Dios, Flanders a Dios" Y Dios envía un trueno que quema un árbol y lo tira sobre el lago, impidiendo que la corriente arrastrara al niño hacia la cascada. Fladers agradece, y del cielo aparece una mano que le hace la seña de okey. Miré esa escena totalmente embobada. Las persona a mi alrededor se reían por lo tonto y hasta por lo patético de la situación, pero yo realmente me quedé meditando. ¿Cuántos de nosotros ya no tenemos una comunión así con Dios? ¿Cuántos comenzamos siendo así, teniendo esa relación tan viva, activa, y terminamos como completos desconocidos de nuestro Señor? 
En esta tira cómica, Flanderse siempre está pensando en cómo agradar a Dios, llega hasta a parecer sofocante y agotador verlo siempre hablando con "perfectirijillo" y preguntándose todo el tiempo si el Señor está de su lado, o qué debería hacer para ser mejor. Pues bien, así debería de ser con los hijos del Dios Altísimo, no la parte de los "perfectirijillos" pero sí la parte de preguntar a Él si está a gusto, si necesita algo más, si estamos haciendo las cosas bien, si quiere ver más de nosotros. Tener una comunión con Él no se trata solamente de leer la Biblia, orar, trabajar más, ayunar... cuando uno conoce a alguien, y quiere a ese alguien de verdad, se preocupa por esa persona. Busca tener todo el contacto posible, e intentar suplir la mayor cantidad de cosas para hacerlo/a sentir cómodo/a, confortable, bien. ¿No vamos a buscar preocuparnos por Dios porque es Todopoderoso? ¿No vamos a buscar cuidarlo porque Él lo tiene todo? ¿No vamos a buscar sorprenderlo porque Él lo sabe todo? ¡¡No!! Mil veces no. Con más razón hay que buscar tener una preocupación por Él, más allá del Temor. 
Me levanto todas las mañanas y digo: Dios, hoy quiero sorprenderte, y entonces busco hacer lo mejor para Él. Muchas veces tengo fallas, varios errores, sin embargo, busco dar lo mejor y ser lo mejor siempre para Él. Después de todo lo que pasé con Dios, lo que viví, luego de todo lo que mantuve, mantengo y mantendré con con Él, hice la prueba, levanté mi mirar a los cielos, y dije desde lo más profundo de mi ser: Andy a Dios, Andy a Dios, ayúdame. ¿Y saben qué aconteció? De la misma forma que ilustró esa caricatura, Dios corrió en mi auxilio. Me sentí contenida, cuidada, mimada, y, sobre todas las cosas, más feliz que nunca. Tal vez suene graciosa la comparación, más bien el ejemplo, pero es triste ver que muchos ya no tienen esa comunión. 
En lugar de reírse, medite, busque recomenzar con Dios. Su más grande bendición puede estar frente a sus ojos, pero de nada sirve si usted se encuentra ciego/a espiritualmente. Busque retomar su relación con Dios, fortalecerse, preocuparse por Él como El se preocupa por usted.Vuelva al primer amor, para poder gritar a Dios y, al instante, ver la respuesta. Muchas bendiciones!!