jueves, 30 de junio de 2011

Estar acompañados

A veces creemos que todo lo podemos realizar solos. Nos cerramos a nosotros mismos, no contamos las cosas, y cavamos una fosa alrededor de nosotros: que nadie se acerque. Ante la pregunta "¿todo bien?" Respondemos "sí, todo bien" y nos vamos. Tenemos personas que insiten, que preguntan dos, tres veces, que saltan a nuestro alrededor para animarnos o contenernos en un abrazo. Pero nosotros negamos todo: estamos solos, servimos solos, podemos solos, y estamos mal.
Dios nunca dejó solo a sus siervos. Él estaba con ellos siempre, pero además, acercaba a una persona, sea quien fuere, para que su siervo tuviera la presencia de alguien en carne y hueso. Rut caminó con Noemí todo su tiempo hasta casarse e, incluso, luego de casarse también. Eliseo caminó con Elias. Bernabé sabía todo sobre el trabajo de Pablo y fue supo ayudarlo y atestiguar sobre sus obras haciendo frente a los demás discipulos. El mismo señor Jesús anduvo acompañado durante todo su ministerio terrenal: todos estuvieron acompañados, Dios no los dejaba solos. ¿Será que nosotros somos diferentes? Yo creo que no.
Muchas veces quise hacer las cosas por mí misma y no contar con terceros, ni aún con mis amigos. Siempre fui de escucharlos y aconsejar, pero nunca de contarles y esperar respuesta, no es que ahora les cuento vida y obra mía, no. Pero cuento con ellos ante cada situación. Se que ellos están allí, que puedo mirar a los lados y verlos. La guerra es individual: cada uno por su lado en comunión con Dios. Más, como en una carrera de autos están los pixies en nuestra guerra están ellos. Dios no nos deja pelear solos, Él siempre usa a alguien a nuestro lado. Como a Noemí para Rut, a Elias para Eliseo, a Bernabé para Pablo, a los discipulos para Jesús.
No te cierres, solo no estás. Y a veces, es necesario hablar con alguien que sepa ayudarte, para salir adelante. Bendiciones, y espero que puedas poner todo en práctica. Dios te cuide.

domingo, 19 de junio de 2011

El Perdón

Muchos no tienen la mínima idea de la importancia del perdón. Lo asocian a algo trivial que el tiempo puede desvanecer

Si fuera tan simple, con seguridad, el Señor Jesús no lo pondría como algo obligatorio (Mateo 6:14-15), ni hubiera dicho que se perdonara tantas veces como fuera necesario (Mateo 18:22).

El perdón es de Dios; el dolor y el resentimiento son del diablo.

El perdón salva, libera, cura, transforma, en fin, identifica a lo Divino.

El dolor o el resentimiento alimenta el odio, la ira, las peleas y, finalmente, mata. La falta de perdón significa condena.

El dolor es una semilla del infierno plantada en los corazones de aquellos que no tienen a Dios.

Mientras que el perdón ilumina, el dolor llena de tinieblas.

Y, si Dios que es el Justo Juez, perdona, ¿quién es el ser humano para no perdonar

Quien no perdona, no tiene salvación.

Quien muere sin perdonar a quienes lo ofendieron, se condena al lago de fuego y azufre por toda la eternidad.

Obispo Edir Macedo.

viernes, 17 de junio de 2011

...que nos indignamos

"Ayer pasé por una situación que me indignó muchísimo (una tontería), aún así, me indigné. Inmediatamente y seguido a esta indiganción, comenzaron a lloverme pensamientos, más bien imágenes, imágenes en donde yo manifestaba mi indiganación para/con esa persona. Estaba tan molesta e indignada, que comnecé a hablar rudamente y fuerte al aire, rayé una hoja con dos lápices negros y apreté los dientes escuchando música con los auriculares muy fuerte. Los pensamientos que desbordaban en mi cabeza no eran de Dios, no. Eran todas ideas puestas por el diablo, que en un momento de arrematada indignación, cualquiera hubiera puesto en práctica."
¿Qué intento decir con esto? Muchas veces nosotros los adolescentes nos indignamos de cosas grandes o pequeñas, pero nos indignamos. Y viene a nuestra mente varias formas de demostrar que estamos indignados: vestirnos de negro y hacer como que nada nos importa, gritarle a mamá y a papá de la nada, encerrarnos en nuestra habitación y poner música locamente fuerte para no escuchar a nada ni nadie, salir con personas que no nos edifican... todo para enseñarles a los demás nuestro nivel de indignación. Pregunto, ¿sirve de algo eso? ...yo creo que no, lo único que se logra es lastimar a las personas y a nosotros mismos, sin contar, que desagradamos a Dios con dicha actitud. No hay nadie que se ponga más triste con esto que Dios. Además, pensemos juntos en esto: nos enseñan a ser diferentes, a no dejarnos llevar por la corriente, y bajo esa indignación, ¿vamos a dejar desbordar todo? Hay formas y formas. Y esta forma, la de tomar los primeros pensamientos solo para mostrar a la persona que nos hizo sentir así que nos encontramos indignados, no es la solución. Se que es una situación donde muchas cosas se mezclan, donde salen recuerdos que parecían olvidados, donde las palabras de terceros ayudan a desbordarnos, donde el diablo mete rápidamente sus garrar, donde el lado sentimental parece ser mayor... pero eso no significa que nos dejemos a eso, no, de ninguna manera. Es momento de clamar a Dios, mismo en silencio. Presentarnos ante su Tribunal de Justicia y decirle, enseñarle, aclararle... Sentarnos en su regazo y contarle, aunque broten las lágrimas, aunque afloren los gritos y las palabras hirientes: es preferible con Dios que con cualquiera.
¿Quieren saber cómo termina la historia?
"Grité libremente, como si solo Dios me escuchara. Grité la verdad: lo que sentía, lo que me hicieron sentir y lo que el diablo quería que hiciera. Suspiré, tomé aire y comencé con mi clamor en silencio, todo luego de quitarme los auriculares y alejarme de mis compañeros. Respiré, lloré por dentro, y volví a clases en calma y tranquila. Hice los ejercicios y estuve muy bien. De camino a casa, canté mucho en el colectivo y me mantuve en oración, pensando qué hacer con lo que había sucedido. Olvidé mencionar, que en pleno brote de ira, y al borde de dejarme llevar por esos pensamientos, saqué mi Biblia y pensé Dame una palabra, dime algo, regáñame, lo que sea. Y Dios dio la palabra justa. Dios puso alegría en mi corazón, porque, a fin de cuentas, mi vida con Él crece y adquiero nuevas experiencias."
Es importante saber reconocer el papel de Dios en nuestras vidas:
Dios Amigo/a, Dios Hermano/a, Dios Padre, Dios Compañero/a... y ¿por qué no Dios Novio/a?