jueves, 3 de noviembre de 2011

Quiero, quiero, quiero

Hay veces que nosotras mismas no medimos. Pedimos, pedimos, pedimos. "Dios yo quiero una pareja. "Dios yo quiero ser esposa/pastor" "Dios yo quiero trabajar" "Dios yo quiero ser como tal y tal" "Dios yo esto, aquello, lo otro" "Quiero sacarme diez, diez, diez" "Dios, quiero llevarme bien con mi familia" "Quiero un auto" "Dios, yo quiero una casa" Pero, ¿qué es lo que uno hace por ello? ¡Nada! Una espera que Dios haga todo y responda de inmediato, y la cosa, no funciona así, porque Dios NO funciona así.
Primeramente, todo tiene su tiempo (Eclesiastés 3) Y Dios tiene que haces solo un 50%, el resto depende de nosotros; Dios no quiere un hijo perezoso que espere que todo le caiga del cielo, no, al contrario. Dios quiere un hijo que se esfuerzo por conquistar. Si nosotros no hacemos nada, es claro que Dios tampoco lo hará. Pensemos... si no dedicamos tiempo a una materia (en la escuela) ¿cómo le podemos pedir a Dios un 10 si no hicimos nuestra parte, la de estudiar y aprender? Si no cuidamos de nuestra casa, somos desobedientes, malcriados y desconsiderados con nuestra familia, ¿cómo Dios hará el milagro? Si seguimos pendientes del mundo, si no damos lugar a una verdadera relación con Dios, si no nos ponemos serios y nos vamos encaminando, ¿cómo Dios nos elegirá para hacer la obra?
A veces pedimos más de lo que nosotros mismos podemos hacer. Evalúe su vida, piense qué es lo que está haciendo y qué es lo que está buscando relamente. Comience a utilizar su fe y déle movimiento. Busque orar primero, poner todo en orden, cambiar su carácter y todo lo que necesite cambiar de usted, y ahí sí, comience a clamar a Dios por lo que quiere y desea, siempre proponiendo, ya que es Dios quien dispone.
Bendiciones!!

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