Sucede que a veces ninguno de nosotros quiere escuchar lo que Dios tiene para decir, puesto que Él, al ser nuestro Padre, sabe cosas que nosotros no, Él puede ver más allá del momento, dle instante que estamos viviendo.
Sea para prevenirnos, brindarnos aliento, llamarnos la atención o lo que fuere, Dios habla directamente con nosotros en una conexión llamada Espíritu. Nosotros siempre podemos estar en espíritu, mientras andamos, comemos, vemos una película, etc. Es fácil, una vez que uno es hijo de Él. Pero, ¿qué pasa cuando nos negamos a escuchar? ¿Qué pasa cuando no queremos oírle? Sí, normalmente terminamos mal.
Varias veces me encuentro en una ronda de amigos, escuchando música fuerte, viendo la televisión, dando un examen, y lo escucho hablándome. "Haz esto"; "Esto está mal hecho"; "Te irá mal"; "YO no te enseñé eso" Entre otras cosas. Resulta que a nuestra edad, y además de que con los padres parezca suficiente, que en cima Dios venga a regañarnos hace colmar nuestro vaso... ¡MAL! Y ustedes que decían que sí con la cabeza... Si Dios habla es por algo, mira la molestia que se toma. En tiempos antiguos, Dios enviaba a sus ángeles a hablar, solo cuando era muy importante era que Él se aparecía. ¡Y con nosotros aparece siempre! Hay que escucharlo, oírlo, seguir su consejo, aunque canse, pese o moleste. ¡El es Dios! ¡Êl lo sabe todo! ¿Por qué no oírlo? Si escuchamos a nuestros amigos en el mundo, ¿por qué no a nuestro Padre Celestial? Dios no nos dirá algo para nuestro mal.
Habrá veces en las que haremos nuestra voluntad, Dios sabe. Pero, tambien habrá veces donde una palabra de Dios evitará grandes desastres: Dios no permitirá que pasemos un desierto que nos consuma, no. Séamos, inteligentes y valientes y a cosechar una buena semilla. Si queremos que nos oiga y preste atención, empecemos por oírlo y prestarle atención. Bendiciones.

No hay comentarios:
Publicar un comentario