viernes, 6 de septiembre de 2013

¡Flanders a Dios!

¿Quién no ha visto ya Los Simpsons? Es una serie que habla un poco sobre un estilo de vida cómico y gracioso, donde siempre, todo intenta salir bien. El personaje que más atrae es el de Homero, pero hoy, quiero hablar de Flanders. El es el vecino de Homero, el típico vecino perfecto al que todo le sale bien, que siempre tiene lo último en todo, que despierta los celos y hasta la envidia de los demás ciudadanos de Sprinfield. 
Hay un capítulo, uno en especial que llamó mi atención desde niña. Flanders estaba en una especie de lago, junto a sus hijos y creo que junto a su esposa, grababan la película de Moisés, cuando su hijo menor es arrastrado por la corriente. Flanders junta sus manos y mira al cielo, solo dice "Flanders a Dios, Flanders a Dios" Y Dios envía un trueno que quema un árbol y lo tira sobre el lago, impidiendo que la corriente arrastrara al niño hacia la cascada. Fladers agradece, y del cielo aparece una mano que le hace la seña de okey. Miré esa escena totalmente embobada. Las persona a mi alrededor se reían por lo tonto y hasta por lo patético de la situación, pero yo realmente me quedé meditando. ¿Cuántos de nosotros ya no tenemos una comunión así con Dios? ¿Cuántos comenzamos siendo así, teniendo esa relación tan viva, activa, y terminamos como completos desconocidos de nuestro Señor? 
En esta tira cómica, Flanderse siempre está pensando en cómo agradar a Dios, llega hasta a parecer sofocante y agotador verlo siempre hablando con "perfectirijillo" y preguntándose todo el tiempo si el Señor está de su lado, o qué debería hacer para ser mejor. Pues bien, así debería de ser con los hijos del Dios Altísimo, no la parte de los "perfectirijillos" pero sí la parte de preguntar a Él si está a gusto, si necesita algo más, si estamos haciendo las cosas bien, si quiere ver más de nosotros. Tener una comunión con Él no se trata solamente de leer la Biblia, orar, trabajar más, ayunar... cuando uno conoce a alguien, y quiere a ese alguien de verdad, se preocupa por esa persona. Busca tener todo el contacto posible, e intentar suplir la mayor cantidad de cosas para hacerlo/a sentir cómodo/a, confortable, bien. ¿No vamos a buscar preocuparnos por Dios porque es Todopoderoso? ¿No vamos a buscar cuidarlo porque Él lo tiene todo? ¿No vamos a buscar sorprenderlo porque Él lo sabe todo? ¡¡No!! Mil veces no. Con más razón hay que buscar tener una preocupación por Él, más allá del Temor. 
Me levanto todas las mañanas y digo: Dios, hoy quiero sorprenderte, y entonces busco hacer lo mejor para Él. Muchas veces tengo fallas, varios errores, sin embargo, busco dar lo mejor y ser lo mejor siempre para Él. Después de todo lo que pasé con Dios, lo que viví, luego de todo lo que mantuve, mantengo y mantendré con con Él, hice la prueba, levanté mi mirar a los cielos, y dije desde lo más profundo de mi ser: Andy a Dios, Andy a Dios, ayúdame. ¿Y saben qué aconteció? De la misma forma que ilustró esa caricatura, Dios corrió en mi auxilio. Me sentí contenida, cuidada, mimada, y, sobre todas las cosas, más feliz que nunca. Tal vez suene graciosa la comparación, más bien el ejemplo, pero es triste ver que muchos ya no tienen esa comunión. 
En lugar de reírse, medite, busque recomenzar con Dios. Su más grande bendición puede estar frente a sus ojos, pero de nada sirve si usted se encuentra ciego/a espiritualmente. Busque retomar su relación con Dios, fortalecerse, preocuparse por Él como El se preocupa por usted.Vuelva al primer amor, para poder gritar a Dios y, al instante, ver la respuesta. Muchas bendiciones!!

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