No podemos negar ni esconder esa diferencia que poseemos por ser hijos de Dios. Como buenos hijos, tenemos características propias de nuestro Padre Celestial. Tenemos de Él cosas muy bellas y muy brillantes que en el mundo destacan y se diferencían. En un montón, o inlcuso en un puñado de personas, el ojo humano alcanza a distinguir las características superficiales que diferencian a una persona de otra.
Si bien hay veces en las que estas diferencias nos encantan, hay otras en las que nos producen dolor.
A nuestra edad, los ojos humanos que poseemos alcanzan a ver cosas que son innecesarias para nuestra edificación espiritual, pero somos carne, esos detalles siempre estarán en nosotros sin importar cuanto luchemos.
Las diferencias que Dios puso en nosotros son especiales, y se encuentran en nosotros por una razón. En su obra, Jesús precisa personas con dones variados, si fueran todas iguales nada tendría sentido. De allí la importancia de ser diferentes. En el mundo eso no se sabe apreciar, o se aprecia de un modo diferente y, en ocasiones, se aprecia de un modo que no es el correcto. Hay que poner toda la fuerza en nuestro querido Jesús, quen nos guiará hacia el camino correcto, quien nos dará las fuerzas necesarias para continuar en la lucha y hacer caso omiso a lo que los demás digan. Dios, Él es el único que vale, al único que hay que mirar para seguir. El mundo nos hará de todo, jugará con nosotros, incluso nos abandonará y herirá de más de mil maneras, pero solo Dios importa, solo Él, nuestro mejor Amigo sabrá llevarnos por el verdadero camino.
A esta edad tal vez es dificil ser rechazado por amigos, pero si no edifican, no lo valen; si no nos comprenden, y si no siembran con nosotros, no sirven, no pueden ayudarnos, estarían desparramando en lugar de recojer, y eso es bíblico.
Arriba las fuerzas, arriba el ánimo y a luchar por nosotros de la mano de nuestro Padre, Él, en su carácter de Padre, sabrá qué nos viene bien y qué nos viene mal. Bendiciones!!
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