¿Por qué se marchitan las flores? ¿En ausencia de qué cosas se mueren?
Las flores precisan de agua... no solo es agua, sino que es un agua pura y limpia que se renueva día a día.
Las flores necesitan luz... no es cualquier luz, sino que es luz del sol a determinadas horas (no se puede colocar una flor al sol en pleno medio día, la simple idea la quemaría).
Las flores precisan de buena tierra... no es solo tierra, sino que es una tierra abonada, limpia, que no fue trabajada anteriormente y, que si lo fue, que este curada para volver a plantar.
Las flores precisan atención, y no es cualquier atención. La atención que ellas precisan es el hecho de preocuparse por ellas cada día, cortarte las hojitas que están mal, cambiarlas de posición según el sol, brindarles de agua pura y limpia, abonarles la tierra. Con estos cuidados, he aquí una flor:
Esta flor tuvo todo lo mencionado, y quedó así de bella y radiante. Ustedes preguntarán ¿y qué tiene que ver la flor con nosotros? Tiene, porque es así el alma de un cristiano. Cuando a éste le falta todo lo que mencioné en el primer punto, su rostro transmite el dolor interno de su alma, sus faltas de ánimo, su angustia, su confusión. No fue Dios quien lo desatendió, sino que fue él mismo apartándose de su verdadero amor, el Señor Jesucristo.En cambio, cuando un cristiano está en su punto máximo de relacionamiento con Dios, su alma está tal cual la rosa de aquí arriba. Se lo ve feliz, contento, animado, entusiasmado, siempre con una sonrisa, y lo más importante, siempre transmitiendo energía. Este es el cristiano que no sólo reciba la palabra que predica el pastor, sino que busca de Dios en su casa, se toma cinco minutos para hablar con Él, lee la Biblia y pone todo en práctica. Es así que cuida de su alma.
David es un claro ejemplo de las flores... la marchita y la radiante. Cuando peca con Dios tomando a Betsabé, en 2 Samuel 11, que su semblante se entristece luego de la amonestación de Natán (cap. 12) y lueog de la muerte del niño.
Cuide de su alma, no la deje caer ni marchitarse, porque Dios solo observa y vé, quien realmente le ama, quien realmente es Su hijo.


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