Muchas veces pensamos, los adolescentes me refiero, que podríamos vivir mejor lejos de nuestros padres. Creemos, en momentos de enojo, que viviendo solos y a nuestro modo, podríamos vivir mejor, que las cosas nos saldrían de otro modo, que podríamos hacer muchas cosas, pero, no es así.
Es la edad, sí. Llegado un determinado tiempo, el adolescente piensa que sus padres no saben, no conocen, no vivieron, no sintieron. A mí me sucedió, y tambien a muchas otras personas que transitaron esta edad. Pero así como se cruza en nuestra mente este pensamiento, tambien se va. Es cosa natural, es natural en el hombre creer que solo lo haría mejor, es incluso "instintivo". Aún los animales, llega una determinada edad en la que el cachorro se despega de sus padres porque no acepta las misma reglas, o compartir territorios o pizas de caza. Nuestra relación con Dios es igual. Muchas veces pensamos que sin Él podemos, pero, la verdad no es así.
En la película Peter Pan, Wendy decide ir al país de Nunca Jamás, no únicamente porque quería vivir una aventura, sino que, en parte, porque sus padres colocaban "mucha carga" sobre sus hombros, ella pensó que sin ellos podría estar mejor, pero terminó dándose cuenta de lo mucho que los necesitaba y amaba, tnato así, que terminó diciéndole a Peter que quería regresar y, no regresó sola, sino que se llevó a los niños perdidos con ella, volviendo a sus padres con más niños que con los que se había ido (sus dos hermanos). Nosotros los adolescentes nos terminamos dando cuenta, que nuestras padres son todo mientras crecemos, que necesitamos de ellos, de su amor, contención, atención, mimos y cuidados, aunque a veces se vuelva pesado. Sabemos reconocerlos y aceptarlos, porque ellos nos enseñan y forman. Luego de la experiencia de jugar a alejarnos y volver, regresamos con mucho más apego que antes. Y aclaro, alejarnos no implica unicamente irse de casa, sino que ausentarnos en las conversaciones, decidir no acompañarlos, quedarnos en casa mientras salen, preferir a nuestros amigos, netre otras cosas, es como irnos y dejarlos. Es después de pasar esa locura, a veces en lapzos largos y otras en lapzos cortos, volvemos con alegría y cariño para con ellos. ¿Y Dios?
El cristiano tambien pasa esa faceta loca. Cree que sin su ayuda y sin su dirección podrá vivir mejor, y se equivoca. Pero, como dije antes, es natural en el ser humano, al igual que los niños, necesitamos darnos cuenta que no podemos, que no nos sale. Gritaremos un rato, lloraremos, caeremos, y ahí estará Dios para darnos la mano, y además de decirnos yo te dije, arroparnos bajo sus alas recibiéndonos de nuevo. Dios nos ama, al igual que papá y mamá, y Él siempre está para levantarnos, porque somos como adolescentes para Él, a veces rebeldes, otras llorones, otras enamorados, y, en todas, fuertes, llenos de vigor y compromiso, porque, si seguimos, es porque tenemos un compromiso. Y, al igual que Wendy, terminamos volviendo a nuestro Padre con muchos mas niños que con los que nos fuimos.

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