lunes, 15 de agosto de 2011

El trazo perfecto

En la escuela tengo un compañero que no hace más que dibujar. A veces, me siento junto a él solo para observarlo dibujar... dibuja con una presición, se encarga de que cada línea se encuentre bien ubicada, bien alineada. Él dibuja mucho la anatomía humana. Dibuja a los super héroes del pasado... linterna verde, capitán america, y cuando una línea se devía, arruga el papel y lo tira a la basura. "Debe ser perfecto." Dice y vuelve a dibujar.
La otra vez se enojó, porque una amiga suya dibujó sobre su dibujo. Arrugó la hoja, la hizo un bollito y la tiró a la basura, se colocó los auriculares y se sumió en su mundo: no habló más con ella. "Para ser lo que yo quiero ser, el dibujo debe ser perfecto, no importa el resto." El dedica todo su tiempo a eso, pareciere que lo único serio y real en su vida, son sus dibujos. "A mi me gusta hacer lo que hago, el resto no importa. No pasa nada." Me puse a pensar en su determinación, y lo comparé con el trazo perfecto a los que los cristianos no dan importancia.
Resulta ser que los cristianos, consientes de que nuestra forma de ser nunca será perfecta, porque aquí, el único perfecto es Dios, dejan de ocupar tiempo en ellos. Dejan de trabajar en su carácter, en sus modos, actitudes, comportamientos, y se ocupan de otras cosas, como si no importara cómo ellos son. Es verdad que nosotros, los seres humanos, no somos perfectos, que tenemos fallas, pero eso no implica el hecho de dejar de ocuparnos de nosotros mismos.
Si mi amigo se ocupaba tanto de aquel trazo, de aquel dibujo, de aquella hoja, ¿cuánto más nos deberíamos preocupar nosotros? Si el se preocupa con eso, que es para él mismo, ¿cuánto más nosotros con nosotros mismos que es para Dios?
Nuestro trazo perfecto, es nuestra propia vida como personas, y la gloria es para Dios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario