Estuve esperando este día con ansias. Conté los últimos minutos para que comenzara este día... 11:57, 11:58... 00:00 Comencé a orar para mis adentros y no podía disimular mi profundo amor, cariño, gratitud, porque, a fin de cuentas, eso siento, gratitud. Es gratificante ver cómo Dios se preocupa por nosotros. Él hace todo lo que esté a su alcance para que nosotros, sus hijos, estemos bien. Hoy quiero hablar sobre el amor, la renuncia y el sacrificio...
Amor
Si uno no siente amor por Dios, nada de lo que se hable, se piense y haga, sirve. Podría decirse que el principio de todo, el punto de unión, es el amor. En la gente, amor por la iglesia; en los obreros, amor por el pueblo; en los pastores, amor por la obra... y todo es un mismo amor: amor por Dios. Pero si no amamos a aquellos a quienes vemos, no podremos amar a Dios, así que, primero empezar amando a los visibles, para así amar a nuestro rey invisible.
Una vez que se lo ama, es difícil explicar cómo se lo ama, es casi imposible. Es sentir que uno se vuelve loco lejos de Él, que uno teme a cada instante si hace las cosas erradas, que uno quiere que todos lo conozcan y amen. El amor de Dios es diferente al amor humano, y es ese amor el que pasamos a sentir cuando somos bautizados por el Espíritu Santo.
Renuncia
No podemos amar a Dios y pretender vivir en el mundo como si fuera nuestro único lugar de hábito. Para nada. Una vez que amamos a Dios, desechamos al mundo y, por consecuencia, el mundo intentará recuperarnos, es en ese instante que nosotros firmamos la renuncia a nuestro yo verdadero.
No podemos servir al mundo y a Dios: o Dios o el mundo. Ambas cosas no se permiten, es como el agua y el aceite, lo liso y lo rugoso. Si hay amor, hay renuncia. Solo un amor verdadero nos da la fuerza y el vigor para renunciar de verdad y como es debido para unirnos a Jesús. Y es esta la renuncia que efectuamos cuando aceptamos de Dios una unión eterna.
Sacrificio
Es decir para siempre. Sacrificio es renuncia, es amor, es la prueba perfecta que dice "¡Acá estoy Dios! ¡Soy tuyo!" La vida con Dios es todo eso: amor, renuncia y sacrificio. Duele y tironea, nuestra carne lo siente, pero nuestro espíritu suplica que continuemos, que no nos detengamos, es ese el tironeo. Nuestra carne suplica parar, ya que le duele, y nuestro espíritu suplica seguir, ya que lo necesita.
Dios nos trae luchas y nos pregunta si queremos pelear, es nuestra elección ir o no ir. Claro que el verdadero hijo de Dios gritará que sí y asistirá a cada una sin poner excusas. A su carne le dolerá, pero su espíritu estará gozoso.
Era esolo que quería decir hoy. Amor, Renuncia, Sacrificio... eso es un nacido de Dios, un bautizado con el Espíritu Santo. Bendiciones.
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