- No preocuparse por los demás: cada cual tiene sus tiempos en la obra de Dios. Es totalmente contraproducente pasarselas preguntando a terceros cuándo recibieron el Espíritu Santo, qué palabras dijeron y, obteniendo varias respuestas, preguntarse a sí mismo ¿por qué yo no? El Espíritu Santo sabe perfectamente cuando es el momento indicado, no se desespere y no mire a los laterales, sino que todo lo contrario.
- Desearlo más que cualquier cosa al punto tal de pensar sólo en Él a cada instante: quien dice querer realmente algo, siempre está pensando en ese algo hasta encontrarlo y alcanzarlo, con el Espíritu Santo es exactamente lo mismo. Si lo deseamos con ansías y verdaderamente, no adelanta buscarlo solo cuando vamos a la iglesia, o pensar en Él solo cuando la autoridad referente en la iglesia lo nombra.
- Buscarlo con sinceridad y de todo corazón: uno no puede reservarse el hecho de ocultarle cosas a Dios (por más que eso sea imposible, claro está). Uno no puede querer convencer a Dios y decirle que quiere Su Espíritu porque lo amo, cuando en realidad uno lo está queriendo porque fulano ya lo tiene o porque desea tener bendiciones de tal o cual estilo, no. Uno tiene que ser sincero y llegar hasta Dios para reconocer que sin el Espíritu Santo nada es.
- No preocuparse por el tiempo, sino que creer y tener la certeza plena de que lo va a recibir: muchas personas busca, buscan, buscan, parece que va a desfalleser buscando, y, cuando terminan y se van para cruzar la puerta de la iglesia, regresan para preguntar al pastor o al obrero "¿Lo hice bien?" ¿Llegará pronto?" "Dios me escuchó, ¿verdad?" Eso no sirve, uno tiene que buscar de todo su corazón y, al volver a casar, cruzar la puerta de la iglesia seguro de sí mismo, teniendo fe en lo que hizo.
- Confesar que uno ya Lo tiene: uno dejó sus pecados, se bautizó en las aguas, va por el camino correcto, no guarda rencor, tiene un corazón intachable, realiza las búsquedas en la iglesia con perseverancia y fervor, piensa en el Espíritu Santo a cada instante e, incluso, ya tiene frutos del Espíritu de Dios, entonces, ¿por qué no agradecer? ¿Qué más esperar? Dios no bajará del cielo a traernos un certificado para decirnos "Felicidades, has obtenido el Espíritu Santo" Para nada, es uno mismo quien debe confesar tener el Espíritu Santo y agradecer; el hablar en lenguas no es tan importante como aceptarLo y cultivar los frutos.
- No esperar hablar en lenguas: muchas personas tienen el Espíritu Santo, más esperar poder hablar en lenguas de la misma forma que lo hace el pastor, el obispo, fulanito o menganito, pero el Espíritu Santo no funciona así. Como expliqué con anterioridad, el Espíritu Santo sabe cuando es el moemtno justo en cada persona. La palabra que cada uno hablará cuando le toque hablar en lenguas, es única, mismo aunque suene igual a la de otras personas, cada palabra es única, puesto que sale de los labios de cada hijo de Dios, y Dios sabe que sus hijos son únicos entre sí. Cuando sea el momento de hablar en lenguas, la persona hablará en lenguas, mientras tanto, no hay que perder las fuerzas ni las ganas de adorarLo.
- Pensar siempre en el Espíritu Santo: este punto es fundamental: nunca olvidarLo. Aún estando en la escuala, el trabajo o la casa; con la familia, los compañeros o demás personas: nunca abandonarlo en el pensamiento, esto es, nunca sacarlo de nuestra mente. Nuestra cabeza tiene una puerta, al igual que nuestro corazón, y el Espíritu Santo ingresa cuando abrimos la puerta, y tambien sale, cuando abrimos la puerta y le pedimos que se vaya. ¡Él es perfecto! No hay como Él en educación. Por eso, nunca debemos permitir que eso suceda y ¿cómo evitarlo? Pensando en Él con constancia y alegría, para estar siempre pidiéndoLe "Quédate conmigo"
"Y todo lo que hacéis, sea de palabra o hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios padre por medio de él" Colosenses 3.17
Obs.: no olvidar.
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